Cubanismos y cubanadas/Hablando como los locos

Año nuevo, blogger nueva

Este blog será, como nos decían en los exámenes de la primaria cuando no había que escribir de héroes, de tema libre.

Suena a comodín y lo es. Pero, a ver, let’s face it, qué otra salida tiene un espécimen como yo, inconstante opinadora de todo y especialista en nada que anda por el mundo blandiendo un título de Historia del Arte sin haber aportado jamás nada loable a la disciplina más que una tesis de cine japonés de animación infantil y engavetable. Es cierto, por ahí andan rodando dos o tres panfleticos de laureada pretensiosa que escribí en mi temporada del Icaic y que leo y vagamente reconozco. Son mejores que la baba que escribo ahora. De vez en vez me servirán, quizás, para llenar un hueco en este blog. Aunque si ahora mismo les dieran fuego en la pira pública no se habría perdido nada.

En esta vida he querido ser de todo. Bailarina, violinista y cantante, traductora, crítico de cine y correctora de libros. Chancleteé por oficios mientras encontraba algo en lo que pudiera ser si no estrella, al menos un ejemplar decente (sin encontrarlo, obviamente). Pero si algo pudiera salvar de mi volublez característica es que siempre, en todos los períodos, yo escribí, aun si no siempre terminé la primera cuartilla. Con este blog quiero recordarme que esto es lo que más me gusta, aunque no lo haga del todo bien. No encuentro mejor manera de sanarme el ocio de estos últimos tres años (lo que dura este viaje —llamémosle así, con un eufemismo—) en que no he sido nada y soslayar ese ritual de matar el día con Facebook sin importarme que sea malo a largo plazo para el cerebro, para la vista o para la columna, o simplemente para conservar el buen recuerdo de las amistades.

¿Y por qué Darle Candela al Jarro? Porque candela es una de mis palabras más queridas, mía y probablemente del noventa y nueve por ciento de los cubanos (los cubanos somos piromaniacos del lenguaje: «en candela», «en llamas», «prendío»—o su apócope «prendi»— y «echando humo» son algunos de nuestros calificativos más recurrentes). Cómo no usarla en mi blog si entre otras cosas quiero que este hueco de Internet que ahora es mío diga desde lo más básico, su nombre, qué soy: cubana, después todo lo demás, nada de lo que escriba puede no partir de ahí (dime cómo hablas y te diré quién eres, diría Cabrera Infante). ¿Y hay alguien en Cuba que no conozca la expresión «Darle candela al jarro hasta que suelte el fondo»?

El otro día, cuando le comenté a un amigo que tenía en mente ponerme a escribir un blog, me llamó a capítulo, cuestionador, como suele ser él: «¿Y de qué vas a escribir? Porque para hacer un blog bueno o de éxito tienes que tener un tema». Me puse a darme cuerdas y ciertamente yo no tenía nada claro; tampoco había un tópico que me apasionara lo suficiente o, peor aún, del que supiera lo suficiente como para dedicarle todo un blog; lo mío siempre ha sido parlotear y criticar, y de todo un poco (no por gusto dicen que los cubanos creemos saber de todo y de todo tenemos que dar una opinión). Pero ese no era motivo para no empezar algo. Menos tratándose de un blog sin delirio de grandeza que proyecto para compartir con mis amigos un poco de mis pasiones (por lo que no pocas veces hablaré de cine, y de La Habana), mis rollos y mis pajas mentales de cubana en el exilio.

A los que me lean, prometo no escribir todos los días. Es más, cuando se me acabe el par de entraditas que preparé antes de publicar esta no sé de qué voy a hablar, así que no se preocupe nadie.

 

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