Cine

¡Que le den candela!

The Help Movie

Finalmente, with the help of my very good friend BitTorrent, pude ver The Help (Tate Taylor, 2011). Lo sé, esta crítica arriba un año tarde (ya debería estar hablando de Argo, La vida de Pi y Los miserables); me pasa siempre lo mismo con las películas que suenan mucho: por un motivo o por otro las dejo para mañana… y mañana y mañana. Termino viéndolas fuera del furor de la temporada de premios y confieso tiene su parte buena, así nadie te pide que adivines qué Oscar va a ganar este año. Asimismo, una reseña trasnochada tiene otros beneficios: aquella muela llamada sinopsis que a todos tantos problemas nos causa (¡si no me acordaré yo de mis tiempos de programadora en el Icaic!) puede ser podada o sencillamente segada, porque a fin de cuentas, esta película es tan famosa que todo el mundo debería saber de qué trata, ¿no? Pero como a mí me gusta el relajo con orden y tampoco es que estemos aquí hablando de El padrino, le destinaré unos renglones, doing my best to be helpful. Allá va eso. En un pueblo del estado sureño de Mississippi, durante los años sesenta, la mayoría de las mujeres negras trabaja como sirvienta de familias blancas. Una joven blanca que regresa de la universidad empeñada en convertirse en escritora se propone darles voz y escribir la historia de unas vidas signadas por la discriminación.

The help, o sea, la «ayuda», la servidumbre, comienza a hablar y así comienzan a emerger las peores facetas de sus patrones (sobre todo de sus patronas, verdaderas brujas sin sentimientos, arpías de outfit, pelo y uñas perfectos que malquieren a sus hijos y practican la caridad como juegan a las cartas, como un hábito social que se ve bien en las personas acomodadas, mientras maltratan a sus empleadas domésticas). Las peores y las únicas, porque a decir verdad estas mujeres parecieran no tener ningún lado bueno. Queda pendiente averiguar por qué los únicos personajes blancos de este largometraje  que tienen algún asomo de humanidad aparte de Skeeter, la escritora protagonista, son una anciana senil, una mujer domésticamente inútil, que además no puede tener hijos, y una enferma terminal. Evidentemente, se necesita una tara para ser noble en esta vida; en Jacksonville la bondad no anda floreciendo como verdolaga en huerto, no en los hogares blancos, al menos.

Debo decir que tal representación me pareció un tanto exagerada, la caja de personajes es un juego de estereotipos que apuntala la humanización de un grupo satanizando a sus adversarios, y no pude evitar paragonarla con la visión de una niña (como la niña que escribiría la historia, una criatura sin experiencia y con ganas de comerse el mundo sacudiendo un tema bueno y justo y hasta entonces tabú), cuyo mundo es bicolor y sin términos medios. Un tópico tan viejo y problemático como la exclusión racial en Estados Unidos de América merecía un tratamiento menos esquemático. Y aunque el noble propósito —reivindicar un grupo poblacional que solamente por el maltrato que sufrió durante años merecería decir lo que le diera la gana— que animaba este filme me tentaba a excusar su reduccionismo, de pronto me acordé de El color púrpura (The Color Purple: Steven Spielberg, 1985), y me pregunté qué diría Spike Lee sobre esto, so I did the right thing: decidí no hacerlo. The Help es de esas películas bienintencionadas y políticamente correctas y atestadas de arengas inspiradoras tras cuya careta yace el oportunismo; lucran con nuestra buena conciencia, apelan a los remordimientos históricos de una nación y después van a los Oscar, pero eso no las hace mejores candidatas para salvarse de la pira pública. Es cierto, es importante rescatar la historia verdadera que subyace tras este testimonio fallido, la de miles de norteamericanos negros y su lucha contra la discriminación, pero, como diría nuestra amiga Carrie Bradshaw, I couldn’t help but wonder, ¿y lo demás dónde lo dejamos?

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