Actores/Cine

Farewell, Ryan! Drive safely

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Ryan Gosling, al que todos aman por El diario de Noah (The Notebook) y mi buen amigo Darien por Lars y la chica de verdad (Lars and the Real Girl), es posiblemente el mejor actor de su generación que le cayera a Hollywood. Este hombre ha ya dejado claro que puede hacer lo que quiera. Y hace unos días ha dicho que se retira. Temporalmente, ha especificado (¡y menos mal!), pues necesita tomarse un descanso y, asimismo, supone que al público también le vendría bien descansar de él. Pues he de decirte que supones mal, my dear Ryan, muy mal. Sinceramente espero que tu encuentro del tercer tipo con ese cadáver cada cierto tiempo desenterrable que responde al nombre de Terrence Malick no te haya sugestionado negativamente. Y que no sigas su ejemplo. Eludir las fotos, las entrevistas. Veinte años desaparecido. Cinco películas en más de tres décadas. Yo digo, Terrence, podías haberte buscado otro trabajo. Un director de cine en Hollywood ha de saber que una parte de su vida va cedida a la audiencia, el rostro a las revistas, los pies a la alfombra roja. That’s part of the job. Y de Pascua a San Juan es bueno ponerse un esmoquin de Gucci y llevarse los méritos. Aunque tal vez no habría méritos sin ese soplo de misterio y expectación que te han dejado tus prolongadas ausencias y tu reticencia a andar por el camino del resto de los simples mortales que tenemos vanidad. Quien sabe, dejémoslo así que ya he empezado a divagar como en el chiste del perro y la pulga. Iba diciendo… Ryan Gosling…

En 2011 Ryan fue al Festival de Cannes con un danés medio desconocido (que ciertamente había dirigido un montón de películas allá en su casa pero que a nadie le sonaba mucho), Nicolas Winding Refn, a presentar el largometraje Drive, donde compartía protagónico con la adolescente precoz de An Education (Lone Scherfig, 2009), Carey Mulligan, la rubita inglesa que se viste bien (entre paréntesis, qué pareja tan bien lograda la de estos dos actores. Aunque a decir verdad, Gosling empareja con quien le suelten). De antemano asumiendo que se trataba de otra película inútil de acción y persecuciones de autos, yo aparté Drive para otro momento, algún sábado de noche estéril. Y como siempre, intervino un premio a la Mejor Dirección en Cannes para persuadirme, Cannes y mi amigo Darien, que lo ve todo antes que yo y me advierte, muchas veces me aleja del peligro. Esta vez sugirió que viera el filme lo antes posible y que descargara la banda sonora. No oía un soundtrack tan adictivo desde tiempos de Asesinos natos (Natural Born Killers) y Kill Bill (que concretamente para mí fueron los tiempos de la Facultad de Artes y Letras). Nuevo pero a la vez nostálgico, era el ánimo y el alma de Drive hechas música. Y resultó que también la cinta era adictiva (¿quién no volvería a ver mil veces el beso en el ascensor, o la carrerita en auto por la vía desierta, wanna see something?, con el sol californiano de tarde, brillante y dorado, y Carey que mira al chofer con sus ojos insondables y el niño que se ríe seducido por un par de piruetas sobre ruedas mientras suena a real human being…?).

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Drive es un ejercicio de estilo que homenajea el pasado de las action movies y, naturalmente, se puebla de personajes y figuras característicos del género: mafiosos, ladrones, robos, tiroteos, persecuciones, venganza y sangre. Un homenaje que arranca con el intro, una Los Ángeles nocturna, criminal, la cámara dentro del carro y desde el parabrisas, y una música y unos créditos rosas que nos traen de vuelta los ochenta (a lo largo de todo el metraje seremos víctimas repetidas veces del efecto déja vu). Por otra parte, el temperamento de Drive, nocturno y sombrío, hace pensar en ciertas películas de anime, ciertos planos del anime, con su concepto de héroe solitario y su nota romántica. Esta es la historia de un chico aficionado a los autos que gracias a sus habilidades al volante trabaja en un taller y como stuntman rodando escenas de acción durante el día y en la noche conduce para delincuentes (tanto define al personaje su relación con el timón que no tiene nombre cristiano; y lo conocemos solo como Driver). Pues bien, this guy, Driver, un pan de corteza dura y centro tierno, lo tiene to´pensao hasta que conoce a su vecina Irene, una madre soltera de andar lánguido y ojos profundos (Carey, a decir verdad, sería la perfecta heroína de una saga de anime). La experiencia de cinéfilo y lector nos ha enseñado que cuando un héroe conoce una chica en apuros siempre la quiere salvar. Y ahí surgen los problemas (que no voy a contar, porque habrá quien no ha visto esto). Pero también florecen las virtudes de Drive, que deviene no solo un refinado y bien dirigido experimento historicista, sino un drama sobre el amor a fin de cuentas, sobre los extremos a dónde se llega por amor, cuando la propia vida pasa a segundo plano, y la violencia que justifica el defender al otro no necesariamente es el plan B. This is not just pulpy fiction. Es la construcción del héroe, el complejo tejido de emociones que carga sobre las espaldas, así como la humanidad que hay en todas sus relaciones personales, en contraste al mundo violento y más comiquesco en el que se precipita, el punto verdaderamente descollante de Drive (todo esto, obviamente, no sería posible sin la actuación que entrega Ryan Gosling, una demostración de rigor dentro de las claves de la sobriedad que lo caracterizan). A real hero and a real human being… Los héroes no son esculturas andantes que van por la vida salvando gente, o sí, también (los salvavidas, los bomberos), pero además de esos, hay gente de carne y hueso a quien las circunstancias convierten en héroes. En la última escena, Driver se va tras haber cerrado un trato que básicamente se resume a su vida por la de Irene. El malvado productor de cine, mediador de la mafia, que muy bien interpreta Albert Brooks, le ha dicho que no olvide que siempre tendrá que mirar por encima de su hombro. No importa si ya hizo lo que tenía que hacer, Irene y el niño están seguros (chico salva a chica, y si no terminan juntos es porque en la vida… bueh, porque al guionista le dio la gana). Puede irse satisfecho con lo único que siempre tuvo: el timón. Nos vemos en la próxima aventura.

Nos vemos en la próxima aventura, Ryan Gosling. Pero mientras esperamos que llegue a los cines The Place Beyond de Pines (Derek Cianfrance), el estreno que viene en cola, volvamos este fin de semana a ver Drive. El mejor Ryan Gosling de siempre, que habla poco y actúa mucho. Y deja claro cuánto se puede aprovechar su talento para los silencios, porque tiene mil expresiones y los ojos le dan pa’ todo. Gosling, el héroe de las mil caras, a quien extrañamente pocos premios nominaron por ese rol. Volvámoslo a ver con la chaqueta del escorpión dorado, la chaqueta más chea (para mis amigos venezolanos, esto es algo así como tuki) de este mundo y al mismo tiempo más inolvidable, tan inolvidable y característica como el sombrero pork pie de Popeye Doyle. Volvámoslo a ver (se apagan las luces del ascensor) besar a Irene; matar a todos los malos por Irene. Eso bastará para enamorarnos y olvidar de una vez a Noah.

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